Yellowstone y Grand Teton

April 17, 2018

Quizás diez días no sean suficientes para poder observar la inmensidad de estos dos parques naturales, Yellowstone y Grand Teton. La suerte y los madrugones son las únicas bazas para poder observar el mundo salvaje que estos parques albergan. Este invierno está siendo especialmente duro y largo, lo que afecta significadamente a la vida de los animales. Después de 7 meses de hibernación es hora de salir de comer.

 

Quizá ese era mi objetivo cuando decidí realizar este viaje. Los dos parques naturales permanecen cerrados la mayor parte del año debido a las toneladas de nieve y la dificultad de acceso que presentan, de ahí que de Mayo a Septiembre, se llene de turistas y, el disfrute, en mi caso, sea menor. Mis opciones en esta época del año se limitaban a hacer algunos hikes, observar vida animal y, por supuesto, disfrutar de estas maravillas de la naturaleza. Marzo era un mes perfecto, aún haciendo muchísimo frío y la capacidad de moverse fuera limitada. La búsqueda del oso Yogui era una motivación especial.

 

Como bien decía antes, la suerte juega un papel fundamental a la hora de poder observar vida animal ya que son los reyes del parque y hacen lo que quieren, cuando quieren y como quieren. No es un zoo ni un safari. ¿Qué me quedaba? Despertarme a las 4 am y salir a buscarles. Las opciones de verles en su plenitud aumentan  a la salida y a la caída del sol.  Y, así fue.  A las entradas de los parques siempre hay puestos para visitantes y expertos, donde los Rangers te ponen al día de las diferentes normas y consejos a seguir; como comportarse con los animales, formas de enfrentarse a un oso negro o un Grizzly, si vas solo (como en mi caso) el procedimiento a seguir cuando te salgas de los caminos y quieras realizar actividades como ski de fondo, hike, campo a través,…  “Tu seguridad no está asegurada” “Lleva spray anti-osos” “no pares de hablar y hacer ruido durante todo el trayecto”… Suena peligroso (que lo es) pero no veas lo divertido que es andar solo por la montaña y no parar de hablar contigo mismo, dar palmas o cantar durante 3 horas de ruta… Un cencerro hubiera sido una buena opción.

 

Volviendo a los madrugones, las únicas veces que pude ver a los lobos y coyotes fueron a esas horas intempestivas. Suelen ir en grupos de 8 a 12 individuos, y bajan de las montañas cuando tienen hambre. En este caso, eran las 7 am y un grupo de 6 se estaban desayunando un ciervo, muy cerquita de la carretera, lo que me permitió tomar unas cuantas fotos bastante cerca. No estoy acostumbrado a este tipo de fotografía así que pequé de novato y mis lentes no tenían el suficiente teleobjetivo para cazarles en su plenitud. Aún así, fue realmente espectacular. Con los coyotes, me pasó lo mismo. Conducía cuando vi varios coches parados en la cuneta con los pasajeros mirando por las ventanas con sus prismáticos. Tardé en encontrarlos, pero allí estaban. Un grupo de 8 coyotes buscando menú del día. 

 

Bisontes, ciervos, renos, marmotas,… son mucho más fácil de ver. Quizá el oso y el grizzly, en esta época del año fuera mas complicado. En uno de mis hikes en dirección a Mormont Row (un antiguo asentamiento de mormones) se me hizo de noche. Hice la típica foto de la puesta de sol, con el rancho en primer término y Grand Teton detrás y… la cosa cambió. Tenía que volver. En la nieve virgen ya no solo estaban mis huellas, había otras. ¡Pero que otras! Con el aullido de fondo de los lobos y mi linterna, sentía compañía. No se donde, pero tenía visita. Me quedaba 1 hora de vuelta hasta el coche, a oscuras y con alguien detrás. Pues nada, las normas son las normas, no corras y ponte a cantar y a hacer ruido.  30 minutos después, me encontré a dos californianos perdidos. Ellos me salvaron a mi y yo a ellos. Yo sabía el camino de vuelta y con los 2, éramos un grupo de 3, lo aconsejable según los rangers para hacer hikes.  Conseguimos llegar al coche. Las huellas eran de un Grizzly (espero que no fuera Yogui).

 

Al día siguiente, como siempre, me levanté a las 5 am y al salir de la cabaña había un bisonte en mi puerta. Una tonelada de bicho en mi puerta. Parecen tranquilos pero no lo son. Cuando le dio la gana de irse, me metí al coche y minutos después, allí estaba, una cría de oso negro a escasos metros de mi. Emocionante. Pero… ¿la madre? No hay cosa mas peligrosa que una cría sin su madre. Después de varios minutos de espera, la madre no aparecía. La cría estaba sola, dentro de lo peligroso de un oso, esto era menos peligroso. Expertos, fotógrafos y rangers se acercaban a mi posición para ver a la primera cría de oso negro que salía de hibernar. Una sensación mas que gratificante. Posiblemente, la mama oso habría sido presa de alguna manda de lobos hambrientos.

 

Un pequeño trozo de mi viaje de 8 días a estos dos parques maravillosos.

 

 

 

 

 

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